El mercado está mal

El mercado está mal
Espacio de trabajo, de j6p6k6

El mercado está mal

Hemos escuchado hasta el hartazgo que el mercado está muy mal. Pero, ¿alguien sabe qué quiere decir? La gente o las gentes, que diría Julio Iglesias, siempre dicen esta frase en cada ámbito de la vida. Uno pasa a ser un parado más de este mundo cruel y, cuando se dispone a buscar trabajo. mira un rato Infojobs y acto seguido dice: “Es que el mercado está muy mal”. De esta manera se excusa a sí mismo de no poner el suficiente empeño en buscar un trabajo digno. Entonces, el típico amigo que lleva quince años en la misma empresa, se sorprende de tu frase, ya que para él nunca ha estado mal y ni siquiera tenía catalogado el ámbito del trabajo como un mercado.

Para este triunfador que tienes como amigo, que tiene ticket restaurante, paga de Navidad y está asegurado cual antiguo trabajador del banco, tú no eres más que un mindundi que vive en un mundo raro que no conoce. Para ti, tu amigo es un suertudo que se las da de que tiene una vida estable, cuando al pobre le debió costar tiempo y hasta alguna novia por posicionarse donde está. Miras los portales de curro, esos que tienen ofertas cual mercadillo pero de aún menos alcurnia si es posible y piensas “qué mal está el mercado”. Entonces te desmotivas y te pasas dos semanas de trankis durmiendo hasta las tantas cual oso cavernario.

Después está el otro caso, aún más rocambolesco, en el que se oye a porrillo esta frase. En el ámbito del ligoteo y desengaños varios. Una pasa a ser de bien casada con suegra, perro y Día de Sant Jordi sin rosa, a ser una mujer independiente con taconazos que sale hasta las tantas para ver qué hay por esos mundos. Cuando una sale en esas condiciones y ve el percal se dice para sí (a falta de no poder ir a España directo a gritarlo): “El mercado está muy mal”.

Entonces mira a su alrededor, ve lo que hay y se plantea, “el mercado está mal o es que yo estoy mal”. Una llega un momento en que hace esa reflexión a lo Eduardo Punset para ver si saca una conclusión que tenga que ver con su inconsciente y antepasados, hasta llegar a los del Paleolítico para entender por qué le cuesta tanto encontrar algo digno en este mercado de la carne o casquería, que algunos llaman mundo afectivo.

Así, aparece cual espíritu del padre de Simba en El rey León, tu típica amiga que lleva más años de los que existe en este mundo con un chico normal y serio y te pregunta cómo puede ser. A lo que tú, con espíritu de Xena: la princesa guerreramezclada, no agitada, con la voz de Calimero respondes: “Es que el mercado está fatal”.

A lo mejor, lo correcto o útil sería no enfocar las cosas como si fueran un mercado. El mercado es donde mi abuela compraba la carne cuando era pequeña, llevando un carrito de metal con más años que la tos. Pero el trabajo y las relaciones no son una plaza en la que llevas un carrito y vas poniendo los alimentos que vas encontrando mientras hablas con la vecina de sus niños estudiosos.

Considerar los ámbitos importantes del ser humano como mercado sólo hace que te expongas a expectativas donde la compraventa está en alza, donde las entrevistas de trabajo te vuelven un maniquí y donde los afectos no son más que trámites para llegar a un contrato indefinido de mal estar y agonía.

No se puede buscar un trabajo como el que busca la mejor merluza que puedan comer tus niñas, ya que no es algo que elijas tú. Te has de formar, has de tener interés en buscarte la vida, dedicar tiempo. Tampoco puedas ir por el mundo como si fueran secciones del Caprabo, donde un día te apetece sushi y al otro una pizza, jugando así con las personas. Ni ser un Tadeo Jones del amor que va buscando un tesoro idealizado. La realidad en Matrix es otra bien distinta. Es más práctico no forzar las cosas y dejar el mercado para la cocina y dedicarte a buscar trabajo simplemente y a conocer personas sin seleccionarlas.

Meritxell Camats

Joven abogada con un poco de poeta y un poco de psicóloga clínica frustrada, a la que le hubiera gustado ser periodista para poder redactar a sus anchas sobre sus intereses, que tiene como profesión soñada ser crítica de televisión y espera con ansias la inspiración suficiente para escribir una novela.